UNA RUBIA MÁS Y…

escritora catalana citada en el programa

Traductora catalana del ruso

escritoras rusas invitadas al programa

Como teníamos tiempo que perder la otra noche, mi gato y yo nos pusimos a ver la tele. El pobre bicho está aún convaleciente de la apoplejía que sufrió semanas atrás después de leerse Adéu a la universitat, La DOCTRINA del SHOcK de Naomi Klein y otros libros indigestos y apocalípticos –libros que engulló por tener la descabellada idea de querer  ser crítico literario, como todo el mundo–, pero no ceja en su empeño, así que lo tenía pegadito a mi regazo contemplando y analizando alternativamente la pantalla y mi cara. Echaban lo que parecía un programa en catalanish dedicado a la literatura, y el presentador, que hablaba muy raro, lento y entrecortado –quizá también convaleciente de una apoplejía–, presentó a los invitados y había muchas chicas. Lo curioso es que todas eran rubias. Había dos traductoras rubias, una de mediana edad y la otra treintañera, y una dibujante francesa o así rubia, y hablaban de escritores y escritoras rusos también rubios, y la traductora rubia destacó la novela de un escritor rubio, aunque era de Valencia. Es verdad que a mí solo me van bien las cosas con los tíos de ojos azules, así y todo empecé a sentir cierto ahogo a la altura del pecho. Entonces  salió a hablar una mujer morena, pero no sé si le faltaba algún aporte vitamínico o solo le faltaba fe en su carácter y en su color de pelo, la cosa es que la cámara enseguida pasó de ella y se fue a buscar a un tipo con gafas de aire simpático, y que se ha dejado las canas a la vista para que lo confundan con un rubio. Y éste de las gafas, que hablaba con alegría muy voluntariosa cedió el puesto delante de la cámara a un hombre de mediana edad normal, es decir moreno. Y también hablaba en un catalán normal –no parecía ruso, ni francés, ni de Bratislava –, pero entonces blandió un libro, se lo colocó delante de los ojos y se puso a leer un fragmento de un sueño que había escrito una mujer muy rubia. Esta mujer rubia está casada con un hidalgo muy rico de pelo blanco para parecer… y días antes había sido retratada  recostada sobre un sofá de auténtico terciopelo azul, como diciendo así me tomo yo la literatura y la vida, con este nervio, con este afán.

Gato alucinando delante de la tv

Mi gato miraba a la pantalla y a toda esa sucesión de melenas rubias y no entendía el argumento.

–¿Son nazis ? –preguntó.

–No creo –respondí yo, pero no muy segura–. Creo que son de Barcelona.

Continuamos mirando el programa un minuto, solo que yo no podía más con la indigestión de anuncio de champús de camomila.

–Una rubia más y vomitaré –gemí.

–¿Y si cambiamos a la tele danesa? –propuso mi gato, que ha entendido muy bien el concepto de esprit de symétrie.

Pulsé unas teclas y nos pasamos con armas y bagajes a la Danmark TV.

–¡¡¡Mira, españoles!!! –exclamó muy contento mi gato–. ¡¡¡ Gente morena!!! ¡¡¡ Y  negros y chinos !!!

— -¡¡¡Uuuuffff !!!  –suspiramos los dos en danés.

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