Fuera de campo: “No tengas miedo”, de Montxo Armendáriz y “Chinatow”, de Roman Polanski

En una rara entrevista del año 2000, recogida en Teoría y crítica del cine, Jean-Luc Godard dice en un determinado momento:  –Se llamaba cine a lo que no se veía, se llamaba cine a lo invisible. Pero él habla de la mitificación de una serie de títulos de la década de los 30, que nadie había visto y que por eso quedaban aureolados por el valor de lo sublime,  como un bocado de estética para un grupo selecto.

Momentos después, al referirse a la nouvelle vague –a la que se acusó de vaciar las salas de cine–, define la actitud de los nuevos cineastas del momento: «para decir las cosas ingenuamente, para no sobredeterminarlas con un saber de experto– hay que pasar por lo real».

Siempre me interesa de Godard lo reacio que es a las fascinaciones superficiales. esa reticencia lo ha convertido en un autor al que en ciertos círculos se considera tramposo o sobrevalorado, en temprana decadencia. Lo que dice Godard en esa entrevista calza bien a estas dos películas, la última de Montxo Armendáriz, No tengas miedo, y la emblemática Chinatown, de Roman Polanski. En principio, no tienen nada en común. La española es un drama,  psicológico, muy austera y elusiva, en que la cámara sigue obsesivamente a la protagonista; la de Polanski se presenta como género negro, estilizado, ambientada en la California de antes de la II guerra mundial con personajes contundentes que hablan sin rodeos y saben callar  con énfasis.

La de Armendáriz trata, se sabe, de los abusos sexuales en la infancia y en el seno familiar. La de Polanski habla de la especulación sobre terrenos y el agua en el desierto de Los Ángeles, de corrupción política. En el género negro, también es clásico que resolver el misterio implique destapar lo que las apariencias ocultan, que suele tener que ver con las mentiras familiares. El guionista de Chinatown señalaba que el tópico del género, desde Chandler o Hammett, quiere que la viuda en un policíaco sea una viuda negra, pero Faye Danaway no lo es aquí.  Otra de las reglas del juego es que no hay final feliz y que el héroe –el private eye/ ojo privado literalmente– no se queda con la chica.  Entonces, tanto en No tengas miedo como en Chinatown lo real adopta la apariencia de un profesional cuya misión es, supuestamente, restablecer las coordenadas de una narración quebrada o rota o silenciada. La rompe la violación de la niña en la película española… y la rompe la suplantación de identidad en Chinatown –la primera mujer que contrata a Jack Nicholson–, y sucesivamente, el asesinato del ingeniero y la estafa a los propietarios de fincas que se convertirán en terrenos fértiles. El profesional que ha de restablecer la lógica -la normalidad– de la narración es una psicóloga y un detective privado, respectivamente. Si bien se piensa, un psicólogo es una forma metafórica del detective, y al revés. Más que los depositarios de una verdad, se diría que lo son de una verdad relativa y consensuada sobre el derecho, son valedores o vigilantes de una legalidad. En ningún caso se trata de acabar con el mal sino de, cínica o estoicamente, delimitar los estragos para que el abuso del poder no inutilice por completo a sus víctimas {y termine por no haber nadie sobre quien ejercer el poder}.

El personaje del detective Jake Gittes es tan atractivo como la propia Cross, Faye Dunaway, y eso nos distrae de la originalidad del juego que el guionista trama entre ellos. El tópico quiere que el bruto y visceral detective privado ha de seducir a la elegante dama, fatal viuda negra. Que la carne seduce al alma… o algo así. Pero aquí es Gittes el que va a ciegas mientras la viuda del ingeniero e hija del potentado de la zona –interpretado por John Huston– sabe, de modo que no se trata de que ella conozca algo que ignoraba –que fue violada o seducida por su padre y tuvo una hija de él–, sino que sepa otra cosa : cuando interviene el detective, ese ojo privado es también el que dice las cosas ingenuamente. Tanto la psicóloga como el detective se diría que tienen la misión de devolver una cierta ingenuidad, son los que eliminan la sobredeterminación a unos hechos –el abuso del padre– y neutralizan un elemento letal en todas las narraciones, el fatalismo.

Ahora bien, en la película de Polanski es de rigor que no termine bien, el chico no se quedará con la mujer. Sin embargo, sí ha de rescatar a la hija/nieta, ha de detener el ciclo. El padre que viola repetidamente a su hija es alguien que rompe los límites de su identidad y los límites del tiempo. Es Saturno devorando a sus hijos. Las escenas de violación de niñas suelen ser tabú. El recorrido comercial de una película que no muestra la violación, como decidió Armendáriz, puede ser corto. Dejar esa escena en fuera de campo probablemente significa que se le subraya al espectador una afirmación : en realidad, tú ya sabes lo que es violar a un/a niño/a. Las escenas que no ves en el cine ya están en tu imaginación o en tu experiencia.

Las dos películas son originales porque deciden centrarse en el efecto de la violación sobre la personalidad. Armendáriz muestra a la chica, Michelle Jenner, paralizada en el tiempo por una escena que la aniquila, y literalmente la consume. Diarreas, desmayos, un cuerpo vacío, sin destino, la cámara la sigue en su deambular. Magistral Armendáriz. Polanski presenta a la Dunaway dentro de una estructura donde cumple un rol, su cara es una máscara, ella es una efigie. Curiosamente, al detective le han de romper la cara para que ella pueda tener una expresión de vida en la suya.

Nosotros somos ese ojo privado. A menudo fingimos no saber.

Música de Jerry Goldsmith. Trompeta, Uan Rasey.

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3 comments

  1. plared · junio 9, 2011

    En fin, sin animo de incordiar. La de armendariz es bastante pomiza, vamos un petardo en toda regla

    • Liu · junio 9, 2011

      Hola, no me pareció un petardo. Creo que es muy difícil hacer algo en serio sin dar de comer al morboso y al voyeur que todo espectador de cine lleva dentro.

  2. Liu · septiembre 1, 2011

    montxoarmendari Montxo Armendariz
    @LiuAlq Mil gracias. Escelente artículo y magnífico blog. No lo conocía.

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