El espía, Justo Navarro o la modernidad presente

Ezra Pound por Richard Avedon

Acabo de leer El espía, la brillante, poética, ingeniosa última novela de Justo Navarro.  Cuando hace poco alguien preguntaba con desdén, al comprobar cuánto se está teorizando y narrando acerca de la intrusión de los medios digitales en nuestras vidas, y cómo afecta a nuestra relación con los demás, si a principios del siglo XX alguien escribía poemas a « por ejemplo el teléfono », y respiraba satisfecho dando por seguro que la respuesta era no, Justo Navarro responde al presentar al poeta Ezra Pound fascinado por los novedosos medios de comunicación de masas de la época, la gran pantalla cinematográfica y la radio, y arruinando su imagen así.

Ezra Pound, poeta norteamericano refugiado en Rapallo que aborrece a los judíos y al presidente de su país,  que delira delante de un micrófono emulando a su ídolo Lord Haw Haw, para regocijo de sus oyentes estadounidenses –a los que iban destinadas sus soflamas pro-fascistas que se emitían desde la Italia mussoliniana–, y para estupefacción de sus supuestos aliados, los nazis, es, no cabe duda, cualquiera de nosotros, fascinados por la capacidad de llegar al último confín del orbe gracias a internet.

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2 comments

  1. Pablo · agosto 15, 2011

    Acabo de terminar de leer la novela, y me ha defraudado bastante. Si hay algo admirable en Pound es su coherencia ideológica. Arrasar con eso es una completa falta de respeto.
    Es muy elegante la prosa de Navarro, pero eso no alcanza para justificar un mamarracho .

    • Liu · agosto 15, 2011

      Hola, Pablo, leer la novela conociendo la obra de Pound parece que garantiza la desilusión. El asunto es que Navarro está novelando la desintegración de una personalidad, la del poeta, y haciendo una doble trasposición: los paralelismos entre la vida de hoy y el delirio de las nuevas tecnologías –hoy el medio digital, entonces la radio y el cine–, con su capacidad para malear la opinión pública, y el estado de escisión del narrador, que se identifica con el de Pound en ese periodo. Lo dice claro en la página 172: “La forma de escribir de Pound coincidía con la forma de mi conciencia en aquel momento”. A mí me ha parecido una novela muy buena, aunque Finalmusik, que también trata de la psicología de las masas en el cambio de siglo, es mejor y más alegre. Es cierto que le perjudica su resistencia a narrar, plantea tramas que darían para un best-seller de calidad y prefiere una prosa poética que funciona por ecos. Pero no se le puede negar la coherencia de toda su obra.

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