De no ser porque ando sin un duro… diría que estoy contenta

De no ser porque he pagado mi libertad empobreciéndome, diría que estoy contenta. Contenta de haberme librado de lastres, sobre todo literarios, o , reflexión necesaria: cómo terminamos obedeciendo más allá de lo que se requiere a toda servidumbre literaria. La que imponen las cabeceras de revistas, publicaciones diarias, suplementos, para no terminar escribiendo lo que me/nos trajo hasta aquí.

Leo cuando me asomo a otros blogs que la gente prospera en colaboraciones en distintos diarios, revistas, editoriales, y aunque surge el primer impulso de la envidia (por los ingresos, por el hecho de ir deshaciendo nudos), enseguida caigo en la cuenta de que el subidón de alegría que podría yo sentir si alguien me ofreciera colaborar en esos sitios se vería de inmediato rectificado por el hecho de que muy probablemente no me interesará ni el medio en donde se publicaría, ni, ¡ay! sobre todo –y ese sobre todo lo es todo– sus lectores. Para qué escribes es tan importante como para quién escribes.

Ergo, estoy leyendo y releyendo lo que me da la real gana. Lo cual significa que puedo apostar a que no iba a interesarle mi comentario ni mis notas al pie a mis lectores habituales –salvo a Carlos Maiques, que creo que ya lo leyó todo y por eso se dedica a dibujar–.

Así… estoy leyendo, picoteando… Algèria segrestada. Entre exèrcit i fonamentalisme. Història d´una pau difícil. De Marco Impagliazzo y Mario Giro, en editorial Icaria. El texto es BUENÍSIMO -la traducción también-. Los autores forman parte del colectivo religioso, la comunidad de San Egidio, que allá por 1995 logró reunir en Roma a las partes en conflicto de la segunda guerra de Argelia, incluido el sanguinario FIS, para discutir sus posturas y salidas negociadas a la crisis. No se ahorran descalificaciones a los asesinos, violadores y analfabetos miembros del FIS/GIA, etc.

También releo la biografía de Jacques Lacan, de Elisabeth Roudinesco. La biografía es muy amena, la traducción algo renqueante, y extraña tratándose de Anagrama, pero es algo que sucede en las mejores casas. Me interesa el desorden del personaje, pero también la clarividencia. Y sobre todo, cómo se denuncia ya lo que hoy ocurre todos los días -sin que nadie lo denuncie–, que el psicoanálisis se ha convertido en una terapia de masas, para las masas y, por lo tanto, salvo en que a menudo el psicoanalista respeta la arbitrariedad del tiempo dedicado al paciente, se ofrece nada como terapia. Una nada que disuelve la conciencia y ridiculiza, diría yo, la verdad del dolor o del propio deseo. Una nada que deja vacío al paciente y, tantas veces, convencido de que la historia de su vida y sus desdichas era lo que debía contar. Y siguen contándolo. Sobre esto, me acuerdo siempre de ese monólogo del turbador Christopher Walken que abre y cierra El placer de los extraños…

Y también me dedico a cultivar la salud y el color de piel, y a ver cine.

¿Cuántas veces he visto ya Manhattan de Woody Allen? Como 2217 veces… y cuántas veces más la veré y seguirá gustándome…

Puente de Brooklyn o las madrugadas despiertos

Otra película, esta vez nueva, que me llamó la atención, aunque me pareció fallida (Ay, Clooney, cuando se pone en plan: mirad, sé que soy guapo pero soy sobre todo un buen actor que puede interpretar un drama, aunque por contrato en el guión me lleve a la cama a una tía despampanante) fue THE AMERICAN, del fotógrafo Anton Corbijn, que expuso en Madrid en el Parque de Retiro hace unos años sensacionales fotografías de los cantantes más significativos de la época dorada del rock: STAR TRAK. Clooney anda desde el principio con cara de palo y al espectador –y especialmente a la espectadora que esto escribe– no termina de caerle bien –quizá porque se carga por la espalda a su chica en los primeros minutos del film, cosa francamente recriminable considerando lo bien que ella lo ha tratado–. Lo mejor, lo que más me gustó, ese color amarillo-dorado-verdoso  que llena media pantalla al principio mientras Clooney circula dentro de un túnel   dejando atrás helados paisajes suecos. Antes de caer en el nombre del director, este detalle ya interesante: La construcción a base de luces, de temperaturas de color para crear un clima moral y una atmósfera de  emociones. Las torpezas de la película –la rigidez, los subrayados inútiles al citar a Sergio Leone– … bueno, sí, ahí estan, aunque peor sería tener que ver TORRENTE y a Santiago Segura haciendo el ganso.

 

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