Una lista de 2010 que a usted ni le va ni le viene

Roland Barthes – Mythologies

Tengo la impresión de que era apenas ayer cuando escribí Recuento, con un resumen de lo que me había gustado de 2009. No creo en las listas, ni la de la compra me sirve, qué le vamos a hacer.

Mucho de lo que he leído o releído o empezado a leer es tan personal que no sabría recomendarlo a otros o no me apete compartirlo, hablo de Onetti, de Nicanor Parra –el descubrimiento del año–, de Cumpleaños lejos de casa, de José María Merino, La isla en peso, de Virgilio Piñera, etc. etc.

Entonces, hablar de los puntos de conexión o de fricción con los títulos de los que se habla mucho o han salido este año o han sido hitos recientes.

El libro que más me ha interesado en 2010, Enterrar a los muertos, de I. Martínez de Pisón, en Seix Barral. Bien dicen que los libros tienen varias vidas. Escrito en tono de reportaje y la con documentación de un ensayo ad-hoc, ilustra la pugna entre comunistas y anarquistas durante la guerra civil española a partir de la muerte del traductor de John Dos Passos, el español José Robles Pazos. Un libro extraordinario sobre una figura emblemática y olvidada escrito por un antiguo alumno de Filología Hispánica que, presumo, mientras estudiaba se decía que no le estaban enseñando lo que de verdad de verdad le interesaba saber de la literatura española.

José Robles Pazos

En ensayo, tampoco he estado al día, o sí, según se mire. Me releí los Essais critiques, y las Mythologies, de Roland Barthes, en su primera edición de 1964, Points Tel-Quel, colección dirigida por Philippe Sollers. No, no eran mis regalos de Reyes de cuando era un bebé. Alguien que iba a tirarlos me los regaló. Barthes es aquí fantástico, una inteligencia diáfana, muy certero. Si alguien necesita averiguar dónde estamos hoy, debe regresar a 1964 y leer a Barthes. C´est comme ça, mes enfants. La vérité blesse.

La decepción, también en ensayo, estuvo marcada por la horrorosa horrorosa horrorosa traducción de La función de la crítica, de Terry Eagleton, un texto de 1984 que Paidós publicó en 1999. Son apenas 194 páginas, y su  único mérito es conseguir un perfecto galimatías. Lees una línea y la olvidas en el acto. No es alzhéimer, es que la sintaxis no-española no logra cuajar en mi cerebro cuando creo estar leyendo en español. Me figuro lo que pagaban por página al traductor y lo que no pagaron en corrección. También en esto, c´est la vie, c´est le pain du jour. Pobre Eagleton, suerte que lo rescató Debate.

Tres novelas posposmodernas interesantes, aunque el posposmodernismo es como ir excesivamente maquillada. Siempre te preguntas en qué momento debió, debiste, haber dejado de añadir polvos de arroz, rímmel, sombra de ojos, gloss en los labios,  en qué momento el trucage se convirtió en el sarcófago de una momia -literaria-.

Pola Oloixarac por Chus Sánchez

+ Las teorías salvajes, de Pola O, en Alpha-Decay.  No es que ella escriba tan ´difícil´, es que os habéis acostumbrado a leer demasiado fácil. Habla del fracaso de la acción directa en su generación, no del poder de internet, no nos engañemos.

+ Un adúltero americano, de Jed Mercurio, en Anagrama. Pese a la buena traducción de Jaime Zulaika, no parece gozar de la repercusión que merece. Teoría del tombe-femmes, o del fornicador compulsivo como enfermo o sociópata, con disquisiciones sobre el poder político directamente derivadas de El Príncipe, de Maquiavelo.

+ Los muertos, de Jordi Carrión, en Mondadori. Me gusta más cómo piensa que cómo escribe. Quiero decir que debería cuidar más el castellano y dejarle los spóilers y otras zarandajas del spanglish a otros. Carrión plantea cómo las viejas ideologías de masas se han desplazado a las grandes ficciones seriales. El marxismo es, en definitiva, otra ficción fracasada. Aunque no parezca evidente, J.C. está llamando la atención sobre las carencias de la política actual o de ´lo político´. El problema es, como en el caso de Pola O., que son ideas que van y vuelven a la universidad y ésta, al menos por aquí, me temo que es la Asesina en Masa de todas las Vanguardias Posibles. Lo siento, pero ya sabíais que los Reyes Magos son los padres.

Paul Newman como Lew Archer

Leí con melancolía… El expediente Archer, de Ross MacDonald, en la colección Roja y Negra que dirige Rodrigo Fresán. Casi 600 páginas de relatos. Traducción de I. Gómez Calvo. Me encantaba McDonald cuando lo leía a los 16-18 años. Es un escritorazo que eligió un género, el policíaco, que parece convetir a sus cultivadores en escritores de segunda B. De innegable raíz existencialista, R.McD. crea personajes y los dota de una psicología –o mejor sería decir de una psicopatología–, y un destino con argumentos siempre en torno a la avaricia, la dignidad perdida, los celos, la traición y la menuda codicia, en los paisajes californianos de Santa Mónica, etc. Excelentes diálogos y mujeres como ya no nos dejan ser.

Me decepcionaron… Punto Omega, de Don de Lillo, y Blanco Nocturno, de Ricardo Piglia. La de Piglia no he conseguido terminarla. Me mata ese ritmo lento y el exceso de generalizaciones, amén de la sensación de pesar que anida en el argumento. Lo de Punto Omega, por mucho que diga J.Francisco Ferré en su blog, en su digresión beligerante sobre literatura del siglo XXI, es un fiasco. Si todo el mérito reposa en la interpretación, y ésta como sucede en la que nos regala Ferré, se basa y se consume en el ´archivo´ y fuera del texto, a través de relecturas de los films de Antonioni, o del documental que inspira esta nouvelle, la literatura del XXI no vale nada, es un cadáver y Ferré ha hecho la autopsia. Se siente, Ferré, pero tus entusiasmos a veces son preciosas volutas de humo.

Ricardo Piglia

Don de Lillo

Me gustó y no  lo esperaba, porque soy alérgica a los títulos que llevan la palabra´Barcelona´ el estreno en la novela de Sergio Vila-Sanjuán, Una heredera de Barcelona, en Destino.  Los turbulentos años del pistolerismo en nuestra ciudad, la lucha de clases en su apogeo –la burguesía contra el lumpen-proletariado, el anarquismo violento–, la dictadura de Primo de Rivera, el papel del periodismo de signo conservador, etc. La galería de personajes está muy bien buscada y tienen chispa. Varios aspectos me interesaron. Así, aunque trabaja sobre el truco-o-verdad del manuscrito encontrado –los papeles del yayo periodista que relata en primera persona sus peripecias en este periodo histórico-, cuando introduce algún truco moderno –como la relación con la atractiva anarquista– ayuda al argumento y justifica ante el lector un cambio de actitud. El protagonista, un periodista enamorado de esta caprichosa heredera de Barcelona, quiere no casarse con el poder, por más atraído que se sienta por lo que éste supone en Barcelona, pero ese poder conservador, que incluye al rey Alfonso XIII, parece el único asidero realista en medio del caos y el único destino aceptable. Aunque parece así decantarse por el ´ala conservadora´sin cuestionar nunca de dónde sale la riqueza que los justifica como dueños del país, el pactismo con la excesiva dictadura de Primo y la ´alternativa´de una Arcadia anarquista rompen su conformismo o sus esquemas. Dejando de lado la probable influencia de Mendoza, sombra alargada cuando se trata de este período, dejando de lado que el perfil de las mujeres corresponde a todos los fantasmas que el hombre catalán tiene interiorizados, el detalle de ese personaje truculento que envía anónimos políticos amenazadores abre al principio de la novela una brecha moderna porque,evocando sin querer a Fantomas, otro mito literario de esas décadas, Vila Sanjuán introduce una distancia respecto a su relato, en la medida que ese anónimo –que luego rebela su identidad– parece decir que todo puede contarse de otra manera, que no hay formas literarias ni políticas inmunes a su autodisolución.

Una exposición –no necesariamente lo más–, en La Virreina, la del fotógrafo Bruno Serralongue, Foc Divers. Hay una serie extraordinaria dedicada a ilustrar los escenarios donde se cometieron delitos y crímenes que publicaba el diario de la región. La ´acción´ transcurre en Niza. Francia tenía, si no recuerdo mal, un subgénero cinematográfico, el policíaco marsellés, y los sucesos recogidos en esta serie de imágenes parecen una fuente de interminable inspiración.

Foto Bruno Serralongue – Fait Divers

Una peli, La vida privada de Pippa Lee, de Rebecca Miller. Con Robin Wright y Keanu Reeves, puede que demasiado guapos para que se vea que son buenos actores dramáticos... No sé. Quizá le falta imaginación a Rebecca Miller para construir imágenes, pero los personajes son realmente buenos. Todos somos no varias personas sino varias máscaras a lo largo de nuestra vida. Encontrar la cara detrás de la máscara. Voilà

La vida privada de Pippa Lee

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