Estoy leyendo… Naipaul, Piñón, Khadra

Estoy picoteando…

A Nélida Piñón tuve la suerte de conocerla

en Miami, en casa de Bob Antoni, en 1999. Ana P., mujer de Bob, me había hablado mucho y muy bien de ella. No era fácil entonces encontrar aquí sus libros. Nélida es un tipo de mujer, dentro de su singularidad, que cuesta encontrar hoy en la literatura. Por decirlo de una vez, la elegancia, la vitalidad y la erudición son tres ingredientes que han sido desterrados en pro de una literatura de mujeres con las bragas en la mano. No hay que dar ejemplos…

Corazón andariego no parece la mejor de sus obras, pero describe la formación de un espíritu libre dentro de un orden social, el de la clase alta brasileña, y sus vínculos con Galicia, de donde es originaria una parte de su familia. La mera riqueza verbal y el enfoque reflexivo y reivindicativo de su proyecto de ser son el aspecto más interesante.

Decir que la única auténtica conversación sobre literatura que he tenido en los últimos diez años –sin verme considerada un ser inferior, sin verme más tarde castigada de algún modo o sin que se me extendiera una factura por hacerme el favor de hablar conmigo– la tuve con ella, a bordo de un coche que debía cruzar medio Miami mientras nos dirígiamos a una fiesta en Coral Gables, explicita mi opinión sobre el mundillo cultural español. En aquella conversación, Nélida Piñón habló de su amistad con Clarice Lispector, del amor a su madre, de sus cursos en la universidad de Miami y en Brasil. Habló también de la necesidad de crear personajes. Se tragó la risa cuando Bob le mencionó sus amores con Vargas Llosa… Una mujer muy inteligente, con una enorme disposición para la alegría y para sentirse feliz, muy intuitiva y con tremenda gracia para elegir y acaparar la mejor mesa al aire libre y evitar resfríos.

Entre los creyentes… empecé sin mucha curiosidad, por hacerle el favor a Naipaul, y me ha ido atrapando. Naipaul relata sus viajes por tierras musulmanas desde la época en que el sha Reza Palevi fue derrocado y llegaron los Jomeinis y otros ayatollahs. Los musulmanes se parecen un poco a los catalanes, andan peleados juntos contra algo grande, no España, sino Occidente, y luego andan todos peleados entre sí por confusas razones tribales.

Estoy ahí, empezando solo,

me ha recordado a Edward W. Said, esa perspectiva que solo puede ofrecer alguien no occidental.

El argelino Yasmina Khadra, un policía oculto tras un seudónimo de mujer. La novela es más que previsible, cómo se forma la mentalidad de un joven que engrosará las filas del terrorismo fundamentalista. Pero el tono posee la energía del que tiene algo que contar y muestra el panorama del país con mirada de autóctono.

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2 comments

  1. Bel · diciembre 7, 2010

    Leyendo este post me entraron ganas de leer a Nélida, yo también echo en falta un poco de elegancia y de erudición en la literatura escrita por mujeres, como bien dices: no todo es cuerpo y sexo. Qué cansinas.

    Saludos.

  2. Liu · diciembre 7, 2010

    Claro, porque estas autoras dan más vida a todo, lo otro llega a ser vulgar.

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