Cuerpos divinos, de Guillermo Cabrera Infante y Querido Fidel de Marita Lorenz

Fidel Castro en compañía de una mujer que pudiera ser Marita Lorenz

¿No os ocurre que habéis visto una película que os impresionó y que por algún secreto motivo desaparece de la memoria mientras otros títulos que os impactaron menos, y tampoco eran famosos ni gozaban de prestigio, siguen vivos en el recuerdo?

Lo primero me sucedió con Querido Fidel, un documental alemán dedicado a Marita Lorenz que fuera amante, una de las muchas, de Castro –ah, el cuerpo asilvestrado, la revolución victoriosa, la utopía como metáfora de la relación amorosa…–, agente de la CIA, del FBI, y que al final decidió no asesinarlo porque, dicen, venció el amor. El argumento guarda parecido, casual probablemente, con la película Deseo, peligro, sin el trágico desenlace que Ang Lee reservó a su heroína -y nunca mejor llevado este calificativo-.  Marita Lorenz relata, apunté en mis diarios cuando vi el documental en agosto de 2003, “experiencias atroces desde la niñez y todo está contado con verdad, como una entrevista. Fue violada a los 7 años”. Dice M.L.: “me hice más malvada y con rabia contra la vida”. Así parece que todo lo que vivió después arranca de esa rabia; su ser bandidos felices es el fruto.

Encontró un cauce en la revolución, en el hombre, Fidel, que subvirtió el orden de cosas y el mundo donde violar a una niña era tarea de machos. Esta mujer se casa luego con el ex dictador venezolano y multimillonario Marcos. Ella muestra que esa rabia interior es una fuerza no necesariamente destructiva. También, destacará la tendencia a asociarse con grandes egos. Un equilibrio con el ego derrumbado. Y mantener esa sensación de vivir al borde de un abismo.

Me gustan estas historias de vida y el tipo de personas capaces en algún momento de mirar de frente su vida y decidir cuál es el peso real de la balanza. Dónde el oro, dónde la morralla.

Del calibre de una vida trata justamente un libro, que se presenta como autobiográfico pero que es mejor cuando atiza las situaciones hasta que se dejan leer como una novela, Cuerpos divinos, del cubano Guillermo Cabrera Infante. Novela autobiográfica, publicación póstuma, signo de la insatisfacción del exiliado, que quizá la tuvo como isla a la que volver una y otra vez. Es fácil, es la tentación, entrar en sus páginas buscando, queriendo encontrar, al Cabrera Infante de, por los menos, Tres tristes tigres. Pero si eres una mujer, la lectura se irá decantando muy pronto del lado del cuerpo en alerta, en estado de respuesta a una amenaza.
Cuerpos divinos, sobre el que Juan Francisco Ferré escribió meses atrás un comentario sensacional en su blog La vuelta al mundo, es Cabrera Infante sin la risa, sin el glamour, sin la logorrea seductora, sin los atisbos de una lengua divina a lo Benjamin, sin el éxito humorístico de sus novelas, sin los torbellinos verbales y sensuales, aunque con boleros y música ambiente, con mujeres fatales capaces de pronunciar frases como ésa “No somos cuerpos divinos”, que ponen todo en su lugar, secreto. Narra los años previos al estallido de la revolución castrista cuando Cabrera Infante, el crítico de cine, fanático del trabajo, creía en la necesidad de derrocar al batistato. Todo, mientras los barbudos han subido a las montañas y recaban y obtienen apoyos valiosos, en medio de sus dilemas maritales y sexuales. Los retratos de su mujer, de sus amantes, son tan despiadados, tan sinceros en su brutalidad, que el ejercicio se vuelve contra él mismo para ofrecer una composición descarnada de su deseo. Pero esa misma falta de maquillaje le ayuda a ofrecer uno de los flashes más originales de Che Guevara.

Cuerpos divinos es algo distinto de  un texto valiente, de un ajuste de cuentas con sus sombras por la violencia con que trató a sus mujeres, es una exploración de un estilo que lo suelte del manierismo posible de todo lo que llevaba publicado; es la búsqueda, como el que explora sin ideas prefijadas, de una verdad independiente de su reflejo maquillado en todos los espejos, y una manera de hacer trizas al personaje que juguetea con las palabras desdoblando realidades. Es una interesante puerta de salida literaria…

…que debería haber tenido más eco. Otros tristes tigres de  Cabrera Infante.

En Galaxia Gutenberg.

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