El escritor como gurú y otros destinos fatales

Sombras de verano en Caixaforum
Autorretrato con D90 para el álbum de Emilio RuizMateo -Notodo.com. Controlando el drama combinatorio del diafragma, la velocidad y el foco a +60 cms de distancia
Simpáticos desconocidos que piden les saques una foto
Robada de El visir de Abisina, blog de José Ángel Cilleruelo

Una reflexión extemporánea: cuando el sistema literario no funciona, como ocurre aquí ( en Barcelona al menos,  aunque esto signifique circunscribir enormemente el territorio), el escritor se ve impelido a  manifestar su angustia –controlada la angustia de las influencias, o aceptado deportivamente, como hago yo, el descontrol de las influencias, surge la angustia por la relevancia en el presente y por la posteridad — adoptando identidades extravagantes, como la de gurú.

Cuando el sistema literario no funciona y en lugar de ser un circuito de ideas se convierte en un circuito de nombres propios, el escritor se pregunta por su cotización literaria y su (im)posible inclusión en una lista de los Top20.

Son ideas inspiradas por una visita, ayer, al blog de Javier Calvo, donde discurre sobre la fracasada (no se  puede calificar de otro modo)  adaptación de la revista Granta en España. En Granta parece que quieren darse un chute de vida en la convicción de que la sangre fresca puede resucitar un proyecto muerto neonato y han convocado la enésima concentración de jóvenes talentos  “under 35”. Alguien a pie de nota en el blog de J.Calvo ofrece una lista plausible de los que se publicarán, advirtiendo que ciertos “nombres”  fueron invitados por los propios editores a participar, y la lista, plausible y previsible, desata en el comentarista un ataque de angustia, por no llamarla directamente “náusea”.

Le doy vueltas a esta otra idea:  cómo estas masturbaciones sobre la literatura con futuro acotan un territorio ínfimo que más parece uno de esos islotes donde unos náufragos desharrapados dedican sus días a atisbar el horizonte en busca del barco de rescate en lugar de descubrir qué frutos puede proporcionarles la isla.

No sé, a mí me fascina descubrir a ese Robinson Crusoe que (quizá) todos llevamos dentro, capaz de atender a  su instinto y habilidades de supervivencia para renacer en su naufragio.

Cuando hablo de “escritor” no hago abstracción de género: me refiero a Calvo y otros gurús bloggueros.

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