Toreo de salón: Rafael Chirbes contra Zapatero

Toreo de salón. Del arte de torear a un toro de cartón

Hablar a toro pasado es uno de los lujos que nos podemos permitir cuando el mal ya está hecho y es inevitable y no nos jugamos nada. Es lo que llamo torear de salón, toda la faena sale redonda, porque el toro brilla por su ausencia, tiene cuernos de cartón piedra.
El toro de la discrepancia política. El toro de la crisis (el gran torero retirado desde la barrera profetiza catástrofes).
Así, me ha llamado la atención que mi coterráneo Rafael Chirbes haya publicado en un diario alemán  un artículo de una dureza extraordinaria contra Zapatero, donde hace un recuento del fracaso de su presidencia. Lo reproduce Fernando Valls y, naturalmente, dan ganas de darle la razón a Chirbes, pero sobre todo de preguntar: ¿por qué ahora? ¿por qué no a tiempo de ordenar las ideas que empezaban a crecer con un runrun de descontento antes de que estallara la burbuja? Se supone que Chirbes es de izquierdas –hay quien dice que comunista, jojo–. Qué curiosa coincidencia que su diagnóstico feroz coincida con un momento en que la derecha de ABC, con su condesa de  Romanones —¡que mató a un nazi, caramba, eso no es peccata minuta !– y el tan católico Juan Manuel de Prada invoquen ¡a Franco! y su milagrosa creación de una clase media en España.

En general, el que accede a un cargo siempre paga una factura. Pero ¿acaso no pagó la factura mayor Felipe González? Recuérdese con qué celeridad acometió los deberes impuesto tras las ayudas alemanas –¿alguien se acuerda del canciller Helmut  Schmit, de Billy Brandt?–, cómo vendió de saldo la izquierda, y cuando en una alocución dramatiquísima exhortó a sus compañeros  de partido a renunciar al marxismo. La solución de González es muy graciosa: “El PSOE renuncia al marxismo como ideología oficial del partido, aunque la mantiene como instrumento crítico y teórico.” 
Jaja, es exactamente el mismo camino que tomaron intelectuales de por aquí, y que les permite asumir sin ruborizarse la contradicción de tener criada, vivir en las zonas más caras y ser radicales políticos.


Quedó la huella del gesto dramático, el amago de la dimisión, en un tono tan, curiosamente, igual al que Fidel Castro empleaba para dirigirse a sus multitudes embelesadas-embaucadas para llevarlos a una zafra suicida, a una ruina que no termina, a designar un enemigo –los USA, los mercados– intangible. La erotización del líder, todo dentro de los esquemas surgidos en los años setenta: el hombre en la flor de la edad capaz de galvanizar a su generación. 
O yo o el suicidio, la travesía del desierto y yo soy el depositario de las Tablas de la Ley que conoce el paso del mar Rojo. El gurú, el líder tribal… Qué nivelazo, qué coeficientes, qué hara-kiri.  
Rafael Chirbes decide publicar su artículo en Alemania, un país del que podemos pensar: con amigos como éste quién quiere enemigos. La locomotora que arrastra sus convoyes a una velocidad suicida. El amigo alemán. 
Uf!
Si el propio Chirbes tuviese otro nivel, el análisis no sería el recuento de cadáveres de todos los idealismos perdidos sino el de unas mentalidades que no pueden verbalizar sus contradicciones y se limitan a sacrificar a todo el que las suscita.

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Fotos: http://cristobaltrujillo.blogspot.com/2009/10/toreo-de-salon_18.html / Toreo en Canfranc

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Aportación de Carlos Maiques.



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