La verbena en Castelldefels – (El segundo final de El Jarama, de R. Sánchez Ferlosio)

Tren de largo recorrido detenido a la altura de Castelldefels. 
Foto: Llibert  Teixidó


La reacción inicial, pensar en la imprudencia. Luego, en la alegría desorbitada de la fiesta.

Más tarde surgen las asociaciones de ideas. Traen las imágenes de las  últimas escenas de la novela El Jarama, de Sánchez Ferlosio, con los chicos y chicas empleados en tiendas de tercera categoría, con una vida de medio pelo y alegrías nimias, que pasan el día festivo entre risas y sopores acalorados junto al Jarama. La potente precisión de las palabras de Sánchez Ferlosio parecen parte de la riqueza glotona del día radiante; aquí es la noche y no es el río sino la playa de Castelldefels. La avidez de vida, la misma. El desenlace, igual de absurdo.


“El Secretario escribía: “Seguidamente se procede al recuento e inventario de las prendas, ropas y objetos personales pertenecientes a la víctima, que resultaron ser los siguientes”:

El juez abrió la bolsa: dictaba:

-Una bolsa de tela; un vestido estampado; un pañuelo de cuello ídem –apartaba en la silla las cosas que iba nombrando–. Ponga: ropa interior, dos prendas. ¿Lo puso? bien, un par de sandalias de… plástico; un pañuelo moquero; una toalla rayas azules; un cinturón rojo en material plástico –se detuvo–. Bueno, y el traje de baño que lo tiene encima. ¿A ver qué hay más por aquí? –hundía la mano en la bolsa y sonaron objetos–. Un peine –proseguía–; una tartera de aluminio; un tenedor corriente; una servilleta; un espejo pequeño; una lata de crema solar –iba poniendo todas las cosas una tras otra, conforme las sacaba, alineándolas delante de los papeles del Secretario, encima de la  mesa.

Se detuvo un momento, con un pequeño portamonedas en la mano, tratando de abrirlo.

–Bueno, un portamonedas de ante, color azul –volcó sobre la mesa el contenido –. Veamos lo de dentro –contaba las monedas–. Siga poniendo a continuación: siete pesetas con ochenta y cinco céntimos en metálico; un sello de Correos –se detuvo otra vez para observar alguna cosa entre sus dedos: continuaba –un alfiler bisutería, figurando cabeza de perro. Añada, entre paréntesis, “Ese punto, uve punto”, sin valor; una barra de labios; y cinco fotografías –las pasó fugazmente–. Creo que eso es todo. Repáselo usted a ver, con la lista en la mano, por si acaso.

El Juez sacó el tabaco y encendió un cigarrillo. Paseaba. luego acabó el Secretario con sus papeles.

–No falta nada. Está bien.

–Vámonos ya, entonces. Recoja. ustedes pueden subir los restos de la víctima.

Levantaron los guardias el cuerpo de Lucita y lo subieron hasta la explanada.

–Aquí te traigo el regalo –le susurró el guardia viejo a Vicente, cuando llegaron a él.

–¡Qué le vamos a hacer! –contestó suspirando, mientras cerraba la portezuela.”

El Jarama, Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Nadal 1955
Ediciones Destino, 8ª edición 1967.




Anuncios

2 comments

  1. zulde · junio 25, 2010

    Y tan fugazmente como pasaba el juez las fotografías, así pasará esto…

  2. LIU · junio 25, 2010

    Hola, Zulde, gracias por la visita.Espero que esto deje huella en la gente y no se jueguen la vida a lo tonto. Pero cuando se va de fiesta la energía es otra

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s