Cría cuervos y te sacarán los ojos (algunas consideraciones sobre los años setenta y sus vástagos)

 
Cartel de la II parte de Mesrine, de Richet. 
El cartel, subliminal evocación en un primer plano de la pasión de Cristo, promete lo que no da
 
 
Estoy de pésimo humor. Entre otras cosas, o las que me da la gana de contar aquí, el disgusto tras una serie de chascos cinematográficos y literarios relacionados en algún caso con temas de los años sesenta y setenta. Ayer, el fastidio con la película Mesrine con el siempre impresionante Vincent Cassel, que podía ser infinitamente mejor si la dictadura de lo políticamente correcto no hubiese envenenado la reflexión en Europa. Mesrine, de JF Richet, sobre todo en su deslavazada y grotesca segunda parte, da pie a una comparación con la santificación de nuestro mártir catalán y anarcoide, Puig Antich, a manos de Manel Huerga y la producción audiovisual catalana (pues estas cosas no son cosa de uno); pero antes, el estupor tras ver En tierra hostil, por el que dieron un oscar a K. Bigelow (ya le dedicaré un post a la factura que habrá de pagar la atractiva y bien macerada señora por el premio y que al parecer ya le han hecho llegar). Súmese lo nada que me gustó los Bastards de Tarantino, pero súmese ante todo el boom-bluff de la posposmoderna literatura castellana, con sus gurús, profetas y exégetas (muchas veces viene envasado todo en un pack), desde Mallo a Carrión, pasando por Manuel Vilas, el ya inevitable Pron, e incluso Pola Oloixarac y sus guerrillas interneteras. Tal vez lo que más rabia me da de todo esto es que lo que son los miembros de esta generación, con su aparente encanto y su peligrosa vacuidad, ya está claramente descrito en el primer capítulo de Después de la teoría, de Terry Eagleton, un libro que lleva en la calle desde abril de 2005. Me fastidia que se nos presenten como novedad, como rupturistas, como mesías al rescate de la literatura española cuando, para dar relieve a su proyecto, más por temor a ser acusado de adanismo que de bastardía, enarbolan decenas de nombres de autores consagrados y canónicos; la mayoría de tales nombres, para más delito, son los que han estado sonando en los últimos cinco o diez años en todos los suplementos literarios y, salvo muy contadas excepciones, con clara voluntad de epatar a la audiencia a la manera de los rockeros que afirman tocar doce instrumentos desde antes del primer biberón, ningún nombre rompe con los estándares babélicos, quiméricos o radáricos. 
 
Transcribo el texto de un correo que he enviado a un antiguo compañero de cuitas literarias. Un grito más en el desierto.
 
“Tengo que escribir la reseña sobre el libro de Pola O., combinado con La historia del llanto,* de Pauls (mucho mejor en la segunda lectura) y me da tremenda pereza. El problema de esta generación –Pola, Carrión, Pron, Calvo–es que asumen las maneras de Tarantino, la historia es un bazar de acontecimientos y de personajes que se pueden combinar como les vaya bien. En sus tramas hay  de todo pero deshidratado: sexualidad sin sensualidad, personajes bigger than life, pero sin psicología, atrevimiento y audacia pero sin valentía, critican la lucha armada de las generaciones anteriores pero todo su compromiso se resuelve en pequeñas cruzadas interneteras, son eruditos sin novedades que aportar, talentosos sin generosidad ni con el lector ni con sus adversarios. Son simples contables de influencias. Por no hablar de los que con dos o tres libros publicados esperan ser santificados como grandes creadores, quieren el Olimpo sin pasar por los lectores, directamente la consagración a través de un mínimo círculo de colegas. Algo así como la Curia vaticana y sus absurdas disquisiciones que no se verificarán aquí. Qué aburrimiento. Y la culpa de todo esto, de las editoriales modernas. Y de haberse ensañado con la narrativa castellana de modo que no han quedado los mejores sino… éstos.”
 
Dicho de otro modo: si ésa es la literatura que viene y que ya está aquí, para mí empieza una guerra contra todo eso. Puedo aceptar sucedáneos por un período de tiempo breve, igual que durante un rato te hace reír el pícaro que quiere venderte una pistola de madera o un crío argelino un zorrito para que te hagas un abrigo de cuerpo entero, pero el jueguecito de la novedad mutante y permutante ya está durando demasiado para dejar de cuestionarla con algún rigor o impugnarla.

*fe de erratas: & La historia del pelo 

 

Anuncios

2 comments

  1. carlos maiques · junio 19, 2010

    Hola, buenos días:Tremendo el fastidio que ocasiona el salir decepcionado de una sala de cine, ¿verdad? Es una pena que ni siquiera Cassel hiciera remontar el Blueberry de Kounen, que tenía buenas ideas, pero, uf. Hay algo que relacionas bien al hablar de los vástagos, y no va por la repetición como farsa de la historia, o no del todo, que es la imitación de voces, que es, finalmente, el juego de parecer sin ser, o parecer es mentir, como el título de un cómic recién publicado en castellanod de Dominique Goblethttp://www.lacarceldepapel.com/2010/02/17/parecer-es-mentir/Para mí el problema más grave consiste en la desaparición de zonas intermedias, en la polarización de actitudes, donde o se revientan las taquillas o se desvanece al segundo pase en menos de una semana. Y lo mismo ocurre con los libros, uno entiende que haya que tirar por lo alto (un libro como Ygdrasil -ciencia ficción Ediciones B , del chileno Jorge Baradit, de 2007, ya ha desaparecido, no se encuentra ni saldado)pero si estos rasgos comunes que se enumeran pasan a ser hegemónicos sin haberse transformado en algo más complejo (y puede que ello ni intereses ni se pueda realizar como antes, que es otro asunto)sí que va siendo hora de repensar lo que tenemos sobre la mesa. A lo mejor se trata de la manera de leer, que busca reconocerse, de manera que unos pocos trazos -¿antes insuficientes?- bastan ahora. No sé. En cuanto a En tierra hostil, no me esperaba una obra maestra, pero no me enojé con ella. Lo del proyecto de la triple frontera suena mucho peor.Anoche tormenta tropical de rayos y truenos en Valencia.Un saludo y hasta otra.

  2. LIU · junio 19, 2010

    Hola de un sábado playero,estoy totalmente de acuerdo con lo que dices en la primera parte sobre las formas de lectura que condicionan la supervivencia de lo publicado. Pero eso son las lecturas públicas, las lecturas que se comunican, se sabe poco de las lecturas que están al margen de lo establecido.Respecto a los años setenta, creo que hay una coincidencia tal –expandida por las universidades y por las revistas, casi siempre escritas por universitarios– en la puesta en circulación de una serie de tópicos concretos que ha pasado a ser una estética y ha desactivado por completo su carga vital y de sentido. Claro, seguirá como huella, pero no en quienes ahora promocionan la década y sus símbolos o sus gadgets y su atrezzo sino, como siempre, en lugares y en grupos inesperados, libres de "las garras hipertróficas de la universidad" (entre comillas, que ya suena espeluznante en sí)De En tierra hostil: sí, me enfadé, a pesar de que Fiennes actuando de mercenario parece por primera vez no necesitar recuperarse de una anemia grave! El nuevo proyecto, eso es, de eso hablaré, 😉

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s