La carta trucada: espejismos de las filosofías

Jean-Paul Sartre

Flaubert, que tanto ha despotricado contra los burgueses y que creía haberse puesto al margen de la máquina social, ¿qué es para nosotros sino un rentista con talento?  Y su arte minucioso, ¿no supone acaso la comodidad  de Croisset, la solicitud de una madre, o una sobrina, un régimen de orden, un comercio próspero, cupones que se cobran con toda regularidad? […] Ya que el escritor no tiene modo alguno de evadirse, queremos que se abrace estrechamente con su época; es su única oportunidad; su época está hecha para él y él está hecho para ella. Suele lamentarse la indiferencia de Balzac ante las jornadas del 48 y la temerosa incomprensión de Flaubert ante la Comuna: la lamentación es por ellos; hay algo que perdieron para siempre. Nosotros no queremos perder nada de nuestro tiempo; tal vez los hubo mejores, pero éste es el nuestro. No tenemos más que esta vida para vivir, en medio de esta guerra, tal vez de esta revolución.>> 
J.-P. Sartre: ¿Qué es la literatura?, ed. Losada, Buenos Aires, 1976; trad. Aurora Bernárdez.

Notas para una lectura de las nuevas novelas inspiradas en los años setenta (Pauls, Rey Rosa, Oloixarac…), comparadas con la narrativa española de los noventa, con su mandato hedonista y supuestamente a-político. Se da un curioso paralelismo con lo sucedido entre generaciones sucesivas en la Francia de la segunda posguerra mundial. Mientras Sartre (n.1905) propugnó la literatura del compromiso, un jovencísimo Jean-Jacques Pauvert (n. 1926), que andando el tiempo se convertiría en el gran renovador de la edición francesa con su enconada defensa de la publicación sin censuras de autores libertinos, como Sade, se rebela contra la consigna de la literatura comprometida y el sacrificio a la causa, en la guerra. La filosofía que expresa en un manifiesto es comparable a la que ha regido en España por la vía de los hechos en los últimos años, del vivir para sí y gozar de la vida y el arte: la movida y sus aledaños. Quien crea que posee más hondura la literatura que reclama un compromiso político tropezará con la evidencia de que la defensa de las libertades civiles y la concreción en la vida cotidiana de unos derechos supone un avance progresista muy superior a la promesa de un mañana risueño. La pulsión de vida contra las pulsiones de muerte. Sin disfraces.


“El bienestar de los hombres nos es indiferente. Queda demasiado lejos. Estamos cansados de esperar. Sabemos que costará largas décadas llegar a alguna solución. Entonces todo será perfecto, tal vez. Nos da igual. No tenemos ganas de comprometernos. No tenemos espíritu de sacrificio. No tenemos el sentimiento del deber. No tenemos respeto a los cadáveres. Queremos vivir. ¿Tan difícil es? El mundo pronto estará en manos de las policías secretas y de los directores de conciencia. Todo será comprometido. Todo servirá. Pero, ¿y nosotros? Nosotros no queremos servir para nada. Nosotros no queremos que se nos utilice. Una lluvia de cenizas cubre lentamente la tierra bajo el hastío y la coacción. Los hombres, uno por uno, suman su destino a los rebaños. Nosotros somos los inocentes del pueblo. Nosotros jugamos con las niñas, con el sol o con la literatura. Con nuestra vida, también, llegado el caso. Haremos cualquier cosa con ella antes que entregársela a las grandes máquinas omnívoras. Es peligroso retirarle su porción de sol a los inocentes.” 
J.J. Pauvert: en La traversée du livre (pronta publicación en Trama Editorial).


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