Francisco Goldman y Roberto Bolaño, encontrados en el mismo desierto

Ciudad Juárez.

El escritor Francisco Goldman en una fotografía reciente
Seguramente, una entrevista realizada vía correo electrónico, con días u horas por medio entre pregunta y respuesta da pie a malentendidos, suspicacias y frustraciones. Para mí, toda la frustración estuvo fuera de la entrevista, al comprobar que las publicaciones con las que suelo (o solía) colaborar no estaban interesadas en publicarla, a pesar de que los acontecimientos en Guatemala precipitaban el interés por lo que pudiera decir el periodista y escritor Goldman. El asesinato del abogado Rosenberg y sus acusaciones contra el mismísimo presidente de Guatemala se produjeron en la semana de presentación en España y Latinoamérica de El arte del asesinato político.

Es probable que Francisco Goldman llegara a creer por mis preguntas que ni siquiera había leído el libro. Lo cierto es que yo pensaba en el posible lector de la entrevista publicada, primera opción, por El Magazine de La Vanguardia, que no tiene por qué estar versado, y ni siquiera enterado, de la historia reciente de Guatemala, tanto menos del caso y la figura del padre Gerardi.

Así, me pareció que con cierta irritación, más de una vez Goldman respondió: “lee el libro y lo verás” a preguntas cuya respuesta yo conocía por haber leído el libro, y antes de eso el artículo en inglés, y por si fuera poco, todo el dossier de prensa que me enviaron desde la editorial Anagrama. No, el problema es que desde hace ya muchos años sé que el lector español es perezoso y hay que dárselo todo masticado. Así que, conociendo de sobras la respuesta, debía hacer la pregunta de modo que Francisco Goldman respondiese lo que, por otra parte, había explicado (y explicaría aún) decenas de veces a diferentes medios. Su “verbo” es tan colorido y su tono siempre tan pasional que merece la pena leerlo a él.

El equívoco más curioso y el más revelador hace referencia a Roberto Bolaño. Goldman goza de una merecida reputación como escritor desde hace más de una década. Su primera novela, La larga noche de los pollos blancos, me fascina. Hay que decir que la versión en castellano es excelente. El último Pulitzer de narrativa, Junot Díaz, se refirió a él como el “padre” de esta narrativa mestiza que está prosperando en Estados Unidos. Goldman se cuenta entre los primeros intelectuales que mencionaron a Bolaño en un medio importante, norteamericano, y esto antes del boom que ha conocido la figura del chileno en Estados Unidos desde que se tradujo 2666 al inglés. Fue Goldman quien indicó a la editora de New Directions, Barbara Epler, que valía la pena publicarlo. El resto es conocido.

Goldman supuso que yo consideraba su prosa “influida” por el torrencial Bolaño y estimó más práctico o preferible resignarse a esta suposición. Pero su respuesta fue la propia del magnífico escritorazo que es.

–Has optado por un estilo muy periodístico, sin adornos literarios para transmitir la máxima credibilidad a los datos de la trama. Pero es inevitable leer El arte del asesinato político como una novela, por la riqueza de los personajes, los golpes de efecto que llegan al descubrirnos las conexiones inesperadas entre ellos. Por momentos me recordó al Roberto Bolaño de Los detectives salvajes y de 2666, por esa manera de colocar a todos los personajes al mismo nivel y crear una polifonía de voces y destinos. Hay quien ha visto ecos de Graham Greene, de Le Carré y otros. ¿Pensabas en algún escritor como modelo al escribir esta crónica?

–Pero la buena literatura no debe tener adornos, ¿verdad? La verdad es que no tenía modelo. El único libro que leía a veces, por lo limpio y concreto del estilo, es The Michael X Murders, de V.S. Naipaul, una larga crónica publicada hace décadas en el New York Review of Books. Tengo una tonelada de admiración por 2666 y por Bolaño, pero cuando leí 2666 en el verano de 2005 ya había encontrado mi manera de escribir este libro. Aunque quizá sí, de alguna manera, me prestó algo de la energía narrativa demónica de ese libro, esa polifonía que también intenta dar vida a lo concreto, los detalles, que es como intentar hacer bailar las tumbas en un cementerio o algo semejante. Al final de las cosas, un crimen como el asesinato de Gerardi y los asesinatos de Ciudad Juárez comparten cierto parentesco, nacen del mismo lado oscuro y sórdido del poder y del ser humano, de una parecida corrupción y cinismo. La atención que implica narrar un caso legal como éste, o narrar todas las muertas de “Santa Teresa” como Bolaño lo hace en 2666, es expresión de una casi mística creencia en la dignidad humana, o simplemente en la vida, y la enorme tragedia de perderla antes de tiempo.

Entrevista: M.J. Furió (junio de 2009).

Fuente foto Juárez: http://therumpus.net/2009/05/the-beautiful-nightmares-of-roberto-bolano%E2%80%99s-2666/

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