Una revista de literatura neoyorquina

Como estoy con lecturas algo sesudas y no es el momento de hablar de ellas, anoto la noticia, que no sé por qué es noticia, pero viene como tal en el bloque de Cultura de El País. Decididos a ser tan chics como en Nueva York, nos hablan de una revista que han puesto de moda unos estudiantes de la Universidad de Yale, todavía de lo más prestigioso en los USA. La revista se llama n+1 y me temo que es lo que a Quimera le gustaría ser, pero no hay modo. Es que ser catalán no es chic, I’m sorry.

En principio, es un contrasentido la voluntad radical y estar en Yale, pero, además de su intención elegíaca –se cerró la Partisan Review–, casi comparto la idea de que se piensa mejor sobre teoría literaria cuando no te preocupa el dinero que tienes en el bolsillo. Los pobres chicos de n+1 soportan los estragos de la fama y hasta indagan en su vida íntima. Dentro de poco, los paparazzi se van a poner a perseguir a los escritores más o menos malditos, a ver si los cazan minutos antes de tragarse las pastillas fatales, o los seguirán en su visita a la ferretería o a la farmacia, mientras urden un suicidio que ya viene anunciado en sus primeras novelas. La literatura, en definitiva, la están escribiendo los periódicos, los paparazzis y los ministros de economía, pero es una novela tan larga en un estilo tan natural que algunos no se dan cuenta de cuándo empieza un nuevo capítulo.

Uno de los editores de n+1, que casualmente se apellida Roth, discute con divertido sentido común lo absurdo de ser famoso, como si también saliera de El lamento de Portnoy. Sólo hay que esperar que los textos publicados tenga mayor altura… al menos, en su gramática.

“Las fiestas de lanzamiento de sus números pronto ganaron fama. “Esa es una de las maneras de hacerte un nombre en esta ciudad. Luego hay gente que no lee con atención lo que publicamos y que parecen estar más interesados en la vida personal de los editores”, apunta Roth. Su colega en n+1, el novelista Kunkel, se muestra de acuerdo. “En la actualidad hay una tendencia en la vida cultural de Estados Unidos que tiende a convertir todo en famoseo, y así la gente que destaca en cualquier campo se convierte en objeto de una curiosidad lasciva. Parte del público acaba pensando que un grupo pequeño de editores lleva una vida más animada de lo que realmente es la nuestra. Salimos de copas y cuando estamos solteros ligamos. Es un poco triste que la prensa de cotilleo intente encontrar en esto algún tipo de tensión dramática“.
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