Las viudas terribles

¡Que me siga la támbora!
El diario chileno El Mercurio publica en su suplemento semanal dedicado a los libros un artículo titulado El luto millonario sobre el manejo de las herencias literarias por parte de cónyuges y parientes de los escritores muertos. Arrancan con el caso del sueco Stieg Larsson, al que no me apetece leer, que está ganando una fortuna de la que se lucran su padre y su hermano, con los que al parecer tenía unas relaciones nulas o pésimas mientras su compañera durante treinta años no ve una corona. El derecho sueco, tan moderno, parece que castiga a los progres. Hay personas que llevan sus testamentos al notario en cuanto nace el primer hijo, otros creen que serán inmortales. Creo que se es viuda terrible ya antes de ser viuda.


Si me das a elegir entre tú y la riqueza…
(me quedo contigo)

El artículo parece en realidad un pretexto para hablar de lo que puede interesar a los chilenos que es, como no puede ser de otro modo, Roberto Bolaño y de todos esos movimientos de fichas que se están produciendo en los últimos meses y que tienen al personal a-le-la-do. Más bien parece que, sin ganas de hablar de la obra de Bolaño, se habla del personaje, se construye el personaje. Y entonces aparecen secundarios interesantes o interesantísimos, como el famoso Chacal (y así se produce un cambio de paradigma por el cual Herralde pasa a ser el Corderito), el agente literario yanqui, y la amante de Roberto Bolaño, cuyo nombre ya se ha hecho público, supongo que para compensar el discutido protagonismo de C. López y la comentada labor de zapa por la que está apartando paulatinamente, dicen, a los amigos de R. B. Me niego a emitir un juicio sobre ninguno de ellos. Lo que se cuenta me parece la punta del iceberg de una historia que tiene mucho más que ver con los vínculos del amor y de la memoria que con el dinero. Me parece muy bella la imagen de Bolaño canturreando en el coche mientras es conducido a toda velocidad por una carretera, de noche, rumbo al hospital donde sabe que ha de morir, donde tiene la intuición de que no saldrá adelante. Imagino ese recuento vital que se le agolpa en la cabeza y le avisa de que no saldrá adelante y ese canturreo, entre el pánico y la felicidad, sin creer ni importarle que deja importantes cabos sueltos. Lo imagino riéndose con rencor de esos enemigos pequeños a los que ha insultado y desprecia hasta el último minuto. Imagino el amor que siente hacia dos o tres amigos, incluido su/s albacea/s. Sabe que cualquier disputa que surja será de amor y no de codicia y que, como en el cuento bíblico de Salomón, cederá antes el que más ame. Y luego, esa soledad de ellos dos, Bolaño y su amante, el momento imposible de robar o de violentar, por muchos chacales que intervengan en el futuro. No deja de sorprenderme qué regalos a veces nos hace la vida para blindarnos contra todo lo que vendrá y aún no sabemos.

No soy de las que piensan que las legítimas son malvadas que solo velan por el futuro económico de los retoños. Qué más me dará a mí. Sin embargo, pienso en María Kodama, cancerbero de la obra de Borges, a la que se considera una individua tan perniciosa como Yoko Ono para Lennon, según los viejos amigos del beattle. De nuevo, qué me importa a mí. Pero pienso dos cosas sobre esa feroz salvaguarda de la obra del escritor. En relación a la edición de Gallimard que Kodama ha paralizado, defenestrando el trabajo de un editor especialista en Borges, con pérdidas millonarias para Gallimard (que tampoco me importa, puesto que, como sabemos, de Gallimard conserva el nombre y está financiada por una multinacional que se dedica también al tráfico de armas). Está bien que se quiera controlar cómo se edita una obra, pero es estúpido tirar de las riendas hasta ese punto. En toda edición se produce, necesariamente, un factor de distorsión, que también viene determinado por la idiosincrasia del país. ¿Va a controlar Kodama la cabeza de todos los lectores de Borges no sea que entiendan algo distinto de lo que ella cree que se ha de entender?

Y para que no se diga que me gusta la necrofilia y que soy lutófaga, ahí va este poema dedicado a las viudas, que viene justamente de México y se titula Las viudas de la gloria

Hay viuditas muy bonitas,
hay viuditas de a montón,
pero hay hombres que son mensos
no les ponen atención.

Si la viuda está llorando
yo la voy a consolar,
muy quedito yo le digo:
yo ocuparé ese lugar.

Cuando el marido se muere
las viuditas lloran mucho,
pero nomás pasa un tiempo
tienen que quitarse el luto.

Y entonces sí, a gozar y a gozar,
entonces sí, a gozar, qué caray.

Yo prefiero a las viuditas
mucho más que a las muchachas,
porque ya saben de a tiro
y las hay muy machas.

Al quedar la viuda sola
le queda un corazoncito
y tiene todo el derecho
de buscarse otro amorcito.

http://diario.elmercurio.com/2009/03/29/al_revista_de_libros/_portada/noticias/5F93493C-FD2A-4F7D-B58F-F9E37C01A197.htm?id={5F93493C-FD2A-4F7D-B58F-F9E37C01A197}

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