Addenda a Foster Wallace: ¿Cuánto podemos acercanos al yo sin perdernos del todo?

…Claro que, luego de haber leído los relatos de La niña del pelo raro, no se me ocurre qué motivo pudo tener para suicidarse. Tiene el interés de la transgresión surrealista, la banalidad explosiva, iconoclasta, de la juventud… aunque mientras lo leo me impaciente la impresión de haberlo leído ya antes, y visto antes esas imágenes en las películas de David Lynch. Se me ocurren decenas de comentarios sardónicos no sobre esos relatos sino sobre el éxito que le acarrearon y sobre sus gruppies. Pienso en que muchos escritores muy buenos pronto quedan secuestrados por los intermediarios de su obra: editores, agentes, prensa.

También, cuando leo a este tipo de escritores pienso en que se produjo una explosión de miles de bombas de neutrones que se tragaron toda la tradición literaria y que con los añicos que quedaron ellos construyen sus novelas.

Foster Wallace en este último capítulo de su vida parece haberse convertido en un personaje de Contrapunto, de Don de Lillo, la evocación de genios atrapados en la paranoia, como Thelonious Monk o G. Gould: la introspección alcanza tal densidad que quedan desintegrados. Cuando conoces a otras personas que dieron su mismo paso, inevitablemente te preguntas en qué momento se produjo el punto de inflexión, el punto de no retorno.

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