BOHEMIOS, de Dan Franck

Picasso, joven
EL AUTOR— Dan Franck, nacido en 1952, autor conocido en Francia sobre todo por su novela La separación (Premio Renaudot de 1991, y traducida en más de veintiocho países), publicada este año en España.

LA OBRA— Bohemios es un retrato del París de las vanguardias y de sus personajes más destacados, centrado especialmente en los tres grandes movimientos: fauvismo, cubismo y surrealismo. Un periodo y una ciudad que fueron el caldo de cultivo de todos los ismos que ha conocido el siglo que ahora termina. La lista de grandes figuras que pueblan el libro es la esperada; no lo es tanto el tratamiento que Franck da a los más conocidos.

En el año 1987, Dan Franck se alió a un veterano y reconocido escritor, Jean Vautrin, y al alimón redactaron dos novelas, La dama de Berlín y El tiempo de las cerezas, ambientadas en el París de los años treinta, protagonizadas por un donjuanesco fotorreportero de origen húngaro, trasunto del mítico Robert Capa, Blemia Borowicz, y por su prima Maryika, estrella emergente del cine alemán que ha de sufrir el acoso de los nazis. Junto a ellos, numerosas figuras históricas, desde el pintor Fujita hasta la fotógrafo Leni Riefensthal, el propio Hitler y, como telón de fondo, la frenética atmósfera del París al que las vanguardias han aportado una conciencia de modernidad. Las aventuras de Boro continuarían en la España del 36, donde sus autores volvían a divertirse acompañando a su rutilante pareja de figuras como la Pasionaria, Durruti y el detective Fandor de Fantomas. La serie de televisión que debía colaborar en promover las ventas de los dos libros no llegó, gajes de la contraprogramación, a emitirse aquí y Boro no tuvo la ocasión de arrasar con su audacia y encanto como lo había hecho en Francia.

CATRES Y ARENQUES

En Bohemios Dan Franck se muestra fiel a si mismo y a sus héroes y regresa al París anterior a Saint-Germain. Vuelve a aquel tiempo en que los artistas, aristócratas de la miseria, vivían en cuchitriles y compartían catres, arenques y una sola servilleta para cuatro bocas; el tiempo en que las porteras y bodegueros prohijaban a sus geniales inquilinos y clientes, alertándoles de la llegada de acreedores y subvencionándoles el tabaco, cuando por falta de dinero algunos pintaban sobre cuadros comprados en el mercado de Las Pulgas, atesoraban piezas de desecho y se vestían con los restos remendados de algo que alguna vez fue un abrigo, una camisa, un pantalón, mezclando colores y texturas imposibles y exhibiendo una extravagancia espontánea, una elegante desfachatez, hijos naturales de Rimbaud, el pionero de todas las rupturas. Era el periodo posterior a la Belle Époque, preludio de la Gran Guerra y de la confrontación de dos poderosas ideologías capaces de galvanizar a los cinco continentes.

El “Excesivismo”

Esta obra de Dan Franck es una especie de excrecencia de todo lo que llegó a saber sobre fauvistas, cubistas y surrealistas, sobre sus marchantes, sus mecenas y sus musas, sus talleres y los cafés donde se reunían, en Montparnasse primero y luego en Montmartre. Abundan las anécdotas, con la invención del “excesivismo”, una estupenda broma de un detractor del fauvismo, las canciones y fiestas en las que participaban Picasso y sus compinches, y los duelos a tiro limpio, las farsas de Jarry y el hablar a tiros de Cendrars, pues ya proclamaban entonces que el acto surrealista por definición era salir a la calle y disparar contra cualquier transeúnte sin mediar motivo, lema que tantos norteamericanos han adoptado actualmente sin tomarse la molestia de leer a ningún francés.

Max Jacob es un alma entregada al genio del español, y sufre de celos por el papel preponderante que le “usurpa” Apollinaire, quien pasma a todos por su ingente cultura, su capacidad para engullir un sinfín de platos, su batalla en pro de las palabras en libertad y por el tono didáctico que emplea con sus avezadas amantes. Modigliani, escultor en duelo, pintor original, es espléndido como un príncipe italiano. Su muerte adquiere tintes de gran drama, como también será el caso de toda la galería de muertos jóvenes a causa de leucemias, tuberculosis, hígados reventados por el alcohol o suicidios. Se suicidará Pascin, con el que se cierra el libro. Pero antes de que el “último bohemio” dé fin a sus días por un amor-fou, y que Elsa Triolet urda una estrategia absolutamente rusa para cazar a Aragon, la mayoría habrán obtenido el reconocimiento y sentado las bases de un estilo de vida y de arte en rebeldía contra el oficio artístico y la tradición, contra la oposición entre sueño y realidad.

Figuras vivas. Bohemios no es un tratado de historia del Arte; quiere ser un fresco de la época, devolver a la vida a figuras que son ahora nombres en libros de texto y materia de ensayo y trazar líneas de parentesco creativo entre unos y otros. Es un acercamiento personal orientado por las simpatías, que no esconde, a las tres figuras que sobresalen: Apollinaire, Modigliani y Pascin. En contrapunto a todos ellos se alza Picasso.

El español, cuya genialidad y talante innovador aparece indiscutible, se lleva sin embargo todos los varapalos: por su facilidad para consolarse sentimentalmente y por su antimilitarismo –no luchó por Francia, no peleó en España–, por su rápido triunfo que le lleva a pasar a la rive gauche y por su temida tendencia al “robo artístico” y, sobre todo, por su comportamiento cuando Apollinaire sufrió la cárcel acusado de robar ni más ni menos que La Gioconda, sin que su mejor amigo se dignara acudir en su ayuda. Precisamente el trato que se da a Picasso recuerda el carácter desmitificador de algunas biografías actuales que revisan la vida del personaje con el mismo afán inquisidor que sufre un candidato a la presidencia norteamericana. Por eso, si algo decepciona en este libro es que toda la elegante despreocupación, la cómica desfachatez con que se tuteaban todos los géneros en Las aventuras de Boro, consolando al lector con aquello de “siempre nos quedará París“, se ha convertido aquí en un aire típico de estos tiempos, un poco moralista y puritano cuando confronta altura artística y altura moral. En cualquier caso, Bohemios es un buen entrante sobre unas figuras que supieron dar a una nueva época las formas de vida y de lenguaje que ésta requería.

traducción de Teresa Alonso Lasheras
Ollero y Ramos, Madrid, 1999, 645 páginas
© María José Furió
Publicado en La Vanguardia- Libros
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s