LA CUADRATURA DEL CÍRCULO, de Álvaro Pombo

Cruzados

Álvaro Pombo (El País)

Para Jorge Herralde

En su novela anterior, Donde las mujeres, Álvaro Pombo traía a sus páginas a una de esas familias tan suyas, norteñas, encantadas consigo mismas, parlanchinas hasta la necedad y olímpicamente indiferentes al mundo que respira al otro lado de los pesados portones de sus feudos. Lo hacía con la voz de la hija mayor, a la que una soterrada disidencia llevaba a buscar su lugar en el mundo y, tras abrir los ojos a la auténtica naturaleza de cuantos la rodeaban, descubría la identidad de su padre y el peso de la libertad. La acción de La cuadratura del círculo vuelve sobre la misma búsqueda simbólica pero en esta ocasión Pombo traslada la aventura a la Edad Media recreando con pasión un mundo en efervescencia cuyo protagonista, Acardo, será como la piedra contra la que rompe el oleaje del siglo. Acardo, la oveja negra de una familia noble, en su búsqueda frecuenta primero a los mozos en las cuadras, luego la corte del duque de Aquitania y, más tarde sigue al benedictino Bernardo de Claraval, hasta la desastrosa derrota en la cruzada contra Damasco.

La desaparición de su padre, un hombre que lleva su lealtad al duque a sus últimas consecuencias, es el acicate del itinerario de Acardo; un itinerario en el que el debate de ideas se plantea siempre como una dialéctica que encuentra en la violencia la resolución que conviene a Acardo, tironeado siempre por sentimientos contrapuestos. El recorrido del protagonista es también la historia de una ingenuidad, de un fracaso y, como en la anterior novela, de una libertad paradójica. Un final magnífico cierra una novela de una coherencia extraordinaria, también con respecto a la obra anterior de Pombo, quien declaraba en una entrevista que “las ideas son someras respecto a los sentimientos” y explicaba que para la construcción de este colosal poema había inventado una lengua franca imaginando que era así como hablarían aquellos personajes, nobles, trovadores, cuya vitalidad desbordante y cinismo jovial acuñaba un talante de uso corriente para todos, salvo para idealistas como Acardo.

novela, 410 páginas, Anagrama, 1999

María José Furió publicado en Lateral, septiembre de 1999

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