Un arma en casa, de Nadine Gordimer

Nadine Gordimer. Fuente: Colonial and Postcolonial Literary Dialogues
<Ha sucedido algo terrible>. Con esta frase empieza la última novela de Nadine Gordimer, premio Nobel de Literatura de 1991 (sin duda, uno de los más merecidos que se hayan concedido nunca). Ha habido un asesinato pasional: Duncan, un prometedor arquitecto, ha asesinado a Jespersen, un día después de sorprenderlo con su novia; Jespersen, homosexual, mantuvo tiempo atrás relaciones con Duncan, que terminaron de manera tan caprichosa como empezaron. Diríamos que se trata de un episodio de la habitual confusión de nuestros tiempos. y sin embargo… el “episodio” corresponde a un trasfondo estremecedor que Harald y Claudia Lingard, los padres de Duncan, van a tener que explorar con detalle y a conciencia. Los Lingard forman una pareja de la clase media blanca de Sudáfrica. Hasta el día 19 de enero de 1996 han vivido confortablemente protegidos por su liberalismo, que los ha mantenido a una media distancia desculpabilizadora de los acontecimientos políticos, ajenos al apartheid pero también a la lucha por abolirlo.

El impacto que produce el hecho imposible se convierte a lo largo de la novela en un esclarecimiento minucioso de lo inevitable: el asalto puro del dolor. Debe celebrarse un juicio y, previamente, se realizará una investigación. El abogado defensor, Motsomai, miembro de la nueva clase negra qe accede a cargos de poder, será el particular Virgilio de la novela, en lo que se constituye como un aprendizaje de la libertad del otro –pues <la violencia profana la libertad> –, no teórico y complaciente como hasta la fecha, sino auténtico, con las insoslayables consecuencias.

Nadine Gordimer nos tiene acostumbrados a un estilo dominado por el análisis y la inteligente disección de acontecimientos y psicologías, aderezado con reflexiones que vertebran narrativamente su compromiso político. En Un arma en casa, estas características están subordinadas a la composición de una sorprendente parábola de perfiles cristianos que deben entenderse como un aviso para navegantes –blancos de su país y occidentales en general– por parte de alguien que conoce profunda y extensamente la realidad política sudafricana. Una María Magadalena rediviva, unos padres asombrads del papel que les tiene asignado el destino, el abogado como evangelista y el Hijo cuyo sacrificio ha de servir a la altísima causa de una reconciliación futura, los principales personajes de este otro-Nuevo Testamento comparecen en la magnífica lección de Gordimer acerca de los peligros de la cotidiana violencia pública que amenazan la transición del país demostrando, una vez más, que la inteligencia extrema, tan propia de las escritoras anglosajonas, encierra una forma de voluptuosidad.

Ediciones B, 1998, 351 páginas,
traducción de C. Francí

María José Furió, publicado en Lateral, 1998

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