Esperando el voto de las fieras, de Ahmadou Kourouma

Ahmadou Kourouma (1927-2003)
Ahmadou Kourouma (Costa de Marfil, 1927) es uno de los escritores más importantes de África. Autor de Les Soleils des indépendances (1976) y Alá no está obligado, (Premio Renaudot y Premio Goncourt de los estudiantes, 2000), su literatura explora la mentalidad africana y denuncia los abusos políticos y económicos en el continente negro.

Esperando el voto de las fieras, (1998) centrado en el período de la guerra fría, hace un retrato de los dictadores de distintos países de África a través de la figura de Koyaga, dictador de la imaginaria República del Golfo. El cóctel de creencias mágicas y tradiciones ancestrales conforma una realidad casi inasequible para la mente occidental.
. <No creo en la magia. Una de las razones que doy a los africanos que me preguntan por qué no creo, es que si la magia existiera no nos habríamos dejado arrebatar cien millones de personas, de las cuales tal vez cuarenta millones llegaron a las Américas y el resto murió en el camino. Si la magia existiese, los esclavos se habrían transformado en pájaros para regresar a su tierra>. Estas pocas frases pronunciadas en una entrevista reflejan muy bien las motivaciones profundas de la literatura de Ahmadou Kourouma.
El autor marfileño forma parte de los escritores de culturas minoritarias casi desconocidas para Occidente –africana, caribeña….– que en la lengua de la antigua metrópolis convenientemente moldeada a la manera “nativa” reproducen cómo está conformado el pensamiento de sus habitantes y esa inevitable media distancia que guarda el escritor con respecto a una y otra (cultura de origen y metrópolis de llegada).

En Esperando el voto de las fieras, Kourouma presenta en siete veladas al presidente-dictador y maestro cazador Koyaga. Lo hace por boca de un sora, el aedo que loa las hazañas de los grandes cazadores y su relato es purificador –un donsomana, en lengua malinké–. El dictador persigue así reconciliarse la fortuna después de haber perdido sus dos amuletos protectores: el Corán y el meteorito que le regaló su madre. Le acompañan el aprendiz respondón, el ministro de Orientación, Macledio, que le considera su hombre de destino, y siete maestros cazadores. Durante esas veladas aparecerán los temas de la traición y la guerra, la forja del héroe, el cambio de poder, la relación con la naturaleza, las conspiraciones, atentados y peligros que corrió Koyaga además de toda una galería de déspotas de repúblicas con nombres imaginarios y perfiles fácilmente reconocibles que le instruyen en su oficio. Hay episodios muy divertidos, como las aventuras de Macledio en busca de su hombre (o mujer) de destino y otros momentos en que la naturaleza y los ritos e iniciaciones tienen el tono de un documental de La 2. Al compás de los proverbios –<el fuego que te quemará es aquel con el que te calientas>– y del donsomana la novela revisa los últimos cincuenta años de África, desde el sometimiento colonial, las repercusiones de la guerra fría en estos países, los coqueteos marxistas de algunos líderes y la concepción del poder desde el de los malinke. Es un retrato con destino a Europa, sin sentimentalismos ni servidumbres, de todo un siglo de colonización más o menos enmascarada y a la vez una nana apaciguadora para el “gran elefante no siempre armado con las mejores defensas”. Pero Kourouma no escatima críticas a los opositores a la dictadura y supuestos promotores de la democracia, a los que dibuja como drogados y desescolarizados, y en definitiva peones del juego de Occidente.

Con todo, el aspecto más interesante de la narrativa de Kourouma, y que ha de perderse por fuerza en la traducción, es esa escritura negra, que suena a negro hablando francés desde la primera línea y a partir de ese arranque, frases cortas traidoras a la sintaxis francesa, desata una atmósfera en la que vamos a entrar y a quedarnos y abre todas las distancias que quepa señalar entre el que habla y para quién lo hace. No puede extrañar entonces el éxito y el reconocimiento que obtuvo desde su primera novela en el país vecino porque se hace creíble de punta a cabo. En el ámbito hispano, tal vez la iniciativa ya lejana de varios escritores– García Márquez, Roa Bastos, Vargas Llosa, entre otros– de dedicar sendas novelas a sus dictadores respectivos sea equiparables en intención y logros.

María José Furió – Culturas, 2003

El Aleph Editores, Barcelona, 2002,
traducción de Daniel Alcoba, 334 páginas.

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