Un corazón inteligente, de Alain Finkielkraut

Alain Finkielkraut (París, 1949)

Un corazón inteligente, del ensayista francés Alain Finkielkraut, es uno de los mejores libros que he leído en los últimos meses. La traducción, excelente, de Elena M. Cano e Iñigo Sánchez Paños, contribuye en buena manera al disfrute del texto, donde Finkielkraut viene a demostrar con generosidad que escribir bien es la única manera de transmitir bien las ideas. El tipo de análisis de novelas que lleva a cabo Finkielkraut está en las antípodas de la crítica mezquina que se está asentando en España. La mezquindad de lecturas que pretender ser iconoclastas y que exhiben, en realidad, una cultura muy limitada. ¿Por qué no tenemos uno o más Alain Finkielkraut en España? Probablemente porque el sosiego mental que trasluce este filósofo es incompatible con el bullicio que venden aquí nuestros filósofos de plantilla, más cercanos a la autopromoción y a la autoayuda que a la auténtica reflexión filosófica. Pero quién soy yo, etcétera.

El  libro entero es extraordinariamente perspicaz, incluso cuando aborda novelas tan conocidas y estudiadas como La mancha humana, de Philip Roth, o tan en apariencia de segunda fila como El festín de Babette, de Isak Dinesen –aunque no hay nada en Isak Dinesen que tolere considerarla de segunda, y menos que nada sus cartas–. Mi capítulo favorito es, qué raro, el que dedica a El último hombre de Albert Camus, que arranca recordando la oración fúnebre que escribió J.P. Sartre al tener noticia de la muerte del que había pasado a ser su enemigo, enfrentados por la guerra de Argelia. Con los años, la postura de Camus respecto a la guerra argelina y a la situación de los pied-noirs ha demostrado ser menos sentimental de lo que se le reprochó y Finkielkraut rescata para apoyar su idea una anécdota que tiene como protagonista justamente al padre de Camus, la ausencia más presente de su literatura. En ella, el hombre, muy joven aún, se solivianta ante la crueldad de los argelinos contra sus enemigos y protesta que un hombre no hace ese tipo de cosas: “¡Un hombre se contiene!”, afirma. Y en esa frase que refleja la aparente simpleza del hombre sin instrucción cifra Finkielkraut el núcleo de la filosofía de Camus, tan marginal según se mire a las ideologías que explicaría la pervivencia mayor del autor de El extranjero comparada con la moda guadianesca de Sartre. «Contra las abstracciones hegemónicas del progresismo, escribe Alain Finkielkraut, escoge no la vía del compromiso sino la de la fidelidad y del testimonio.»

Nota bene 1: Véase aquí una inteligente presentación de Finkielkraut: http://fernandorgenoves.blogspot.com.es/2011/02/un-corazon-inteligente-de-alain.html
Nota bene 2: Si alguien quiere saber qué es traducir al español – y no a ese idioma extraño que se gasta aquí en Cataluña–, hay que leer este ensayo. El castellano de los traductores es rico y flexible y la torsión de la sintaxis potencia el discurrir de las ideas de Finkielkraut.
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